Sáb. Jun 22nd, 2024


La Fundación Tzu Chi comienza este nuevo año lunar con nuevos aportes a la educación de los más necesitados y a ayudar a las familias desamparadas.

Tzu Chi: Un gran amor por los demás, un regalo de Taiwán a la República Dominicana
Tzu Chi: Un gran amor por los demás, un regalo de Taiwán a la República Dominicana
Tzu Chi: Un gran amor por los demás, un regalo de Taiwán a la República Dominicana
Tzu Chi: Un gran amor por los demás, un regalo de Taiwán a la República Dominicana
Tzu Chi: Un gran amor por los demás, un regalo de Taiwán a la República Dominicana

Génesis Furcal

Santo Domingo, RD

“Una persona con el corazón generoso, y compasión por los demás lleva una vida llena de bendiciones”, esta es una de las enseñanzas de la maestra taiwanesa Cheng Yeng, cuyas palabras de sabiduría son el fundamento de la Fundación Tzu Chi, una organización sin fines de lucro que se ha caracterizado por llevar una mano amiga a todo el mundo.

El ayudar a los demás, el cuidado del medioambiente y llevar una vida simple, son algunos principios de esta organización humanitaria budista creada por la Gran Maestra. Para ella las religiones no son lo más importante, pues su manera de socorrer al prójimo es su mayor objetivo.

La Fundación Tzu Chi fue fundada en 1966 por Cheng Yeng, una monja budista quien después de la muerte de su padre, se encaminó en el camino de la religión y, luego, junto a sus seguidoras, empezó con un grupo de 30 amas de casa quienes aportaban cincuenta centavos de sus ingresos para las compras diarias del hogar y los almacenaban en alcancías de bambú. Este dinero era destinado para ayudar a las familias necesitadas.

Tzu Chi, (que traducido al español) significa Amor, Compasión y Alivio, hoy en día cuenta con millones de voluntarios en más de 50 países, incluyendo la República Dominicana. En el presente mes de febrero cumplirá su aniversario veinticuatro en el país, luego de crearse en 1999 a raíz del paso del devastador ciclón George.

Los voluntarios de Estados Unidos llegaron después del ciclón para brindar asistencia a los damnificados dominicanos, formaron alianzas con los taiwaneses residentes en el país y se establecieron en La Romana. Desde entonces continúan brindando su mano solidaria a los necesitados.

Escuela Tzu-Chi
Con el característico sonido de la risa y un saludo en idioma mandarín, los niños dan la bienvenida a los voluntarios de la Fundación Tzu Chi. Ellos están matriculados en la escuela del mismo nombre, situada en el sector Villa Hermosa, una comunidad en La Romana donde muchos de sus moradores viven en condiciones de pobreza extrema.

Desde las 8:00 de la mañana los maestros reciben a los más de 500 niños de Villa Hermosa, que a diario reciben el pan de la enseñanza, gracias a la visionaria idea de la maestra Cheng Yen de encargar la creación de ese centro escolar.

Fue construida por fondos de Taiwán en el año 2000 y cuenta con una matrícula de 572 estudiantes, entre los cinco y los 14 años, que integran desde el primer grado hasta el sexto de primaria, muchos de ellos provenientes de hogares disfuncionales.

La fundación se encarga de suministrar uniformes, zapatos, útiles escolares y otros artículos necesarios en cada año escolar. Se imparten clases de inglés online, con tutores de diferentes países y también apoyan económicamente a jóvenes de escasos recursos en sus estudios universitarios.

Paciencia y Vocación
“Mis amores, ya terminó el receso”, exclama la maestra Belkis Samora, mientras los niños de segundo grado de primaria entran al salón de clases luego de corretear y desayunar.

Belkis, quien lleva 12 años trabajando como profesora en el centro de estudios, dice que “si no se tiene vocación, no se adquiere paciencia y todo va por añadidura: “Cuando usted tiene la vocación, tiene la paciencia para tratar con los niños”.

Otra cualidad que la educadora destaca de su experiencia como maestra de los niños de Villa Hermosa: para tratarlos hay que ser observador, pues algunos suelen confiar más en la maestra que en su familia. Sin embargo, esta confianza debe ganarse con paciencia y cuidado.

Huérfanos de padres y madres vivos
La maestra Fernanda Jiménez tiene 13 años enseñando en la escuela Tzu Chi. Sus hijos estudiaron allí, pero su historia empezó como sustituta en el centro y, luego, motivada por la directora en esa época, se animó a estudiar educación.

Aunque estudió educación media mención letras, Fernanda ha impartido clases a menores de todas las edades. En este año escolar enseña a los infantes de siete años en segundo grado en la sección B. Tiene a su cargo 36 alumnos y dice que muchos de ellos “son huérfanos de padres y madres vivos”.

Recuerda un día en el que conoció a la abuela de uno de sus estudiantes. La señora sufría de desnutrición y otras enfermedades, razón por la que trataba de brindarle especial atención, “me dijo pero ven acá, ¿Tú eres la profesora de él? que bueno yo me voy por un par de días le encargó a mi nieto”, rememoró la educadora”.

Dice que muchos de los niños viven con tutores y que sus problemas de conducta, los reflejan en las clases.

“Hay algunos que andan hasta con la llave de su casa, es decir, ellos son los que abren la puerta de su casa, cuando llegan hacen un arroz con huevo, o de lo que llevan de aquí, se lo comen”, dijo la maestra.

Escuela Nueva
La directora del centro, Rudilania Rijo, explicó que el Ministerio de Educación también ha contribuido con el avance del centro educativo, no obstante, este aún cuenta con varias carencias en la estructura del plantel.

Rudilania, quien fue asignada en el puesto de directora del centro en agosto del año pasado, dice que desde antes de su llegada, se les habló de otro local al que sería mudado la escuela, pues aunque la fundación ha construido nuevas aulas, las 16 actuales no son suficientes. Con el crecimiento de la comunidad y la cantidad de niños en aumento, el espacio les es cada vez más reducido.

En 2010 empezaron con la educación para adultos, que se imparte los sábados y domingos. Debido a la cantidad de alumnos, se trasladó al liceo cercano de la escuela.

Los miércoles, jueves y viernes los niños reciben talleres de chino mandarín básico.

Comida Caliente
Basándose en los principios de vegetarianismo que sigue la fundación, ocho mujeres se dividen las responsabilidades en una cocina con el mismo objetivo: llevarles comida caliente a las personas discapacitadas y a ancianos en la comunidad de Villa Hermosa, perteneciente al kilómetro seis de La Romana.

En un anafe se cocina el menú de la semana, en este caso, la visita fue el miércoles, por lo que el moro de habichuelas negras con berenjenas guisadas y ensalada verde, era lo que tocaba. En un caldero de ocho libras, se cocinaba el arroz, justo al lado se cocían las berenjenas, mientras otras cortan y lavan las hortalizas para la ensalada.

Todas las semanas, llueva, truene o ventee, las damas se reúnen en casa de Nirka, una de las voluntarias, para preparar el almuerzo que llevarán a 42 hogares de personas con dificultades de salud o físicas.

Las “madres de comida caliente”, como les dicen los voluntarios, iniciaron el proyecto en 2016 y han llevado alimentos hasta los hogares de desvalidos, junto al amor y alivio.

Todas las semanas, Narcisa de la Guarda (Nelvita, como le dicen de cariño), sabe que ya tiene tres días en los que estará ocupada, pues las comidas son realizadas ocho veces al mes. El día anterior se hacen las compras de los productos frescos que irán a utilizar en las 42 raciones.

El proceso es dividido entre las ocho voluntarias, Nelvita se encarga de cocinar, las demás le llaman “la chef”, algunas pelan las berenjenas, otras se encargan de los vegetales, mientras las demás lavan los envases reusables en las que llevan la comida.

Luego de que los alimentos son cocidos, se depositan en los platos con sus tapas. Tres personas los recogen y los llevan a los hogares de las personas necesitadas.

“Yo me siento feliz por hacer el trabajo, y le doy gracias a Dios por haberme elegido”, dice Nirka.

Uniformes
Los voluntarios visten uniformes que los diferencian del resto de las personas. Estos van desde el chaleco verde hasta la camisa azul con el logo de la fundación, lo cual significa que son certificados por la maestra Cheng Yen: “Eso no simboliza niveles, sino compromiso, con la fundación” resaltó Mariana Ju, una de las voluntarias.

SEPA MÁS
Principios de la fundación:
• No matar
• No robar
• No seducir a la mujer del prójimo
• No mentir
• No beber
• No fumar ni usar narcóticos
• No apostar
• Practicar la piedad filial y desarrollar buenos modales.
• Respetar las leyes de tránsito
• No participar en actividades políticas o manifestaciones.