Las obras “Sin pedir permiso” y “Me embaracé a los 40” pertenecen son distintas en su arquitectura, pero comparten una decisión: devolverle a la experiencia femenina el centro del escenario sin mediaciones ni disculpas.

francis mesa Santo Domingo
Hay un teatro que no busca sorprender con artificios, sino con la precisión de lo que se dice en voz alta por primera vez. “Sin pedir permiso” y “Me embaracé a los 40” pertenecen a esa línea. Son distintas en su arquitectura, pero comparten una decisión: devolverle a la experiencia femenina el centro del escenario sin mediaciones ni disculpas.