Lo que siguió al dictamen judicial fue una crónica de contrastes absolutos: la solemnidad de la justicia sepultada por ráfagas de euforia, consignas políticas y rostros desencajados.

Con una sonrisa que refleja tranquilidad, Gonzalo Castillo recibe el fallo de “no ha lugar” emitido por el tribunal, un dictamen que, según su defensa, ratifica su inocencia y pone fin a una larga batalla judicial.
Con una sonrisa que refleja tranquilidad, Gonzalo Castillo recibe el fallo de “no ha lugar”, un dictamen que, según su defensa, ratifica su inocencia y pone fin a una larga batalla judicial.

El ambiente dentro del salón de audiencias del Primer Tribunal Colegiado del Distrito Nacional era de una tensión casi respirable.

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