Los cuatro miembros de la tripulación que atraviesan el espacio con rumbo a la Luna realizan una misión inédita, pero también se abren paso como pueden entre las banalidades de la vida, todo mientras flotan juntos en un espacio equivalente a dos minivan.

Beben batidos, toman fotos con el celular, lidian con el correo electrónico y arreglan inodoros descompuestos: los astronautas son como nosotros.