Lejos de capas o reconocimientos, estos trabajadores, muchos de ellos adultos mayores que no encontraron espacio en otros empleos, cargan a diario con fundas que contienen diversos residuos orgánicos.

Cada madrugada, cuando gran parte de la ciudad aún duerme, hombres y mujeres salen a recoger los desechos que otros dejan atrás, enfrentando riesgos que muchas veces comienzan desde la forma en que la basura es dispuesta en los hogares.