El complejo fue diseñado con dos piscinas: una alimentada por las aguas termales y otra con agua a temperatura ambiente. Cuenta con una salida directa al río Bao, uno de los afluentes más caudalosos de Santiago.

Desde la montaña brota un manantial de aguas azufradas a altas temperaturas, un fenómeno que muchos vinculan con beneficios para la piel y otros disfrutan como un jacuzzi natural en medio del bosque.