La joven bailarina complementa sus ensayos con rutinas de gimnasio y pilates, mientras cuida de su salud mental escuchando testimonios de atletas de alto rendimiento para lidiar con las inseguridades propias del oficio.

Para Gabriela Checo, la motivación hace mucho tiempo dejó de ser el motor de su carrera, pues entendió desde muy joven que sostenerse en el ballet clásico requiere de un esfuerzo continuo y no de un impulso temporal.