Los animales habían salido despavoridos, muchos aún tenían esquirlas de vidrios en sus patas, y otros se quedaron bajo los escombros con sus familias.

Justo cuando la tierra dejó de temblar, un grupo de veterinarios agarraron su kit de primeros auxilios y salieron a las calles de la ciudad colombiana de Cali para atender perros y gatos heridos, asustados o separados de sus familias tras el terremoto de magnitud 7.4 del 10 de agosto.