“Mi hermano era un buen hijo, un buen tío, un buen primo; éramos una familia feliz”, contó su hermana después de tomar un respiro profundo.

En sus manos tenían un cartel, en sus corazones un dolor inmenso, uno inexplicable y que se mantendrá para siempre. Parecen estar firmes, pero cuando hablan sobre lo ocurrido el 8 de abril de 2025, sus lenguajes corporales cambian y la tristeza junto con la nostalgia se apodera de ambas.