La magnitud del desastre ha desbordado la capacidad de respuesta de las autoridades en un país sin tradición de grandes terremotos.

Miembros de la Policía Nacional Bolivariana transportan una camilla entre los escombros de los edificios dañados en Catia La Mar, La Guaira, Venezuela, el 26 de junio de 2026, tras los mortíferos terremotos
Miembros de la Policía Nacional Bolivariana transportan una camilla entre los escombros de los edificios dañados en Catia La Mar, La Guaira, Venezuela, el 26 de junio de 2026, tras los mortíferos terremotosFederico PARRA/AFP

El aire que se respira este viernes en las zonas de desastre del estado costero de La Guaira en Venezuela ya comienza a oler a putrefacción, producto de los cadáveres que aún permanecen sepultados entre los escombros de los edificios colapsados.

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